diumenge, 29 d’abril de 2018

GENTE EN MOVIMIENTO

Banlieu de Paris. Colección del Museu del Vent
Ver "el mundo entero como una tierra extraña" permite adoptar una mirada original. La mayoría de la gente tiene conciencia principalmente de una cultura, un escenario, un hogar; los exiliados son conscientes de al menos dos, y esta pluralidad de miradas da pie a cierta conciencia de que hay dimensiones simultáneas, una conciencia que es "contrapuntística" (...) Una vida en el exilio transcurre de acuerdo con un calendario diferente, y es menos estacional y está menos asentada que la vida en casa. El exilio es la vida sacada de su orden habitual. Es nómada, descentrada, contrapuntística; pero en cuanto uno se acostumbra a ella su fuerza desestabilizadora emerge de nuevo. 
Edward Said [2001], Reflexiones sobre el exilio.


“Todo lo solido se desvanece en el aire” (Marx-Engels. 1848). Desde el siglo XIX, el "movimiento" es una de las metáforas que tiene más presencia y fuerza en el mundo contemporáneo. Cosas e ideas moviéndose, desvaneciéndose, disipándose…  pero también gente. Seguramente el mundo del siglo XX y el XXI serán los que vean el mayor movimiento de personas de la historia de la humanidad. También los museos de todo el mundo han adquirido mayor consciencia de esta realidad: saben que las personas tienen raíces, pero también piernas. Y aunque la gente esté más o menos arraigada en el territorio donde vive, las comunidades humanas se han desplazado por el espacio con más o menos intensidad en el tiempo. Este proceso de “gente-en-movimiento” (como turistas, estudiantes, hombres de negocios, trabajadores inmigrantes, refugiados políticos o desplazados dentro de un mismo país) se ha acelerado desde finales del siglo pasado. Y nada hace dudar que será uno de los principales retos de nuestro mundo contemporáneo.

De forma progresiva, los museos se interesan en la “gente-en-movimiento”. Es decir, de todas aquellas personas que, de manera voluntaria, condicionada o forzada, han tenido que cambiar o están cambiando –eneste mismo instante- sus lugares de residencia. Ante esta realidad, aparecen nuevas preguntas que los museos deben tratar dar respuesta: Cómo crea la “gente-en-movimiento” su sentido de lugar? Cómo reconstruyen su sentido de familia y pertinencia? Cómo recuerdan los lugares que han dejado?, O incluso, ¿cómo y por qué lagente que comparte un mismo paisaje tiene diferentes vías, a veces opuestas incluso violentamente, para entender su significado? ...

Son preguntas sobre el mundo contemporáneo que nos rodea. Preguntas que se refieren a “muchos hombres, a todos los hombres del mundo en la medida que se unen entre ellos en sociedad y trabajan y luchan y mejoran” (A. Gramsci). Al fin y al cabo, preguntas que, en el contexto de Colombia, nos hablan de historias que se esfuerzan por reconstruir y hacer visible la memoria de la gente de un país que se consume desde hace décadas. 

Memorias posiblemente rotas, descentradas, etc. pero también contrapuntísticas y constructivas de lo que es un país. Es precisamente por ello, para avanzar en un nuevo diálogo entre pasado y presente, entre espacio y tiempo, es por lo que los museos no pueden dejar de dedicar todo su esfuerzo a “la gente-en-movimiento, para quien los lugares siempre están en construcción”.

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